Un jovencito ha llamado a un pintor freelance para que le haga un trabajito. Cuando lo ve subido a una escalera en plena acción, el jovencito no puede dejar de mirarle la entrepierna. Pone su mano en el culo del obrero, moviéndose lentamente por debajo y entre las piernas para alcanzar su paquete. El chico sabe muy bien lo que quiere: ¡un chorro de semen fresco en su carita!